Después de lo pasado con Nick. Salí a caminar un poco por el hotel, en el camino me encontré con Joe…entonces caminamos juntos. Le conté lo que recién había pasado y me aconsejo hacer lo mejor, lo que le convenía a él en realidad.
Se oscureció frente a nosotros y junto a la oscuridad de la noche, una tormenta eléctrica se avecino sobre nosotros, le pedí que me acompañara a mi habitación, pero estuvo fuera de mi control que Joseph entrara a ella. Totalmente empapada me recosté sobre la cama tratando de descansar y él se echo del otro lado junto a mí. Nos miramos por casi 5 minutos completos sin decir ni una palabra en aquella oscuridad causada por la tormenta que se venía encima, la única luz que entraba débil por la ventana era la de la luna escondida detrás de un par de espesas nubes. Su mano sostuvo la mia y empezó a jugar con cada uno de mis dedos y yo le mire raro.
-Aún en la oscuridad sos increíblemente hermosa-me dijo y sin tocarme recorrió con su mano, mi brazo hasta mi hombro, subiendo hasta mi mejilla.
-Y vos sos aún más adorable en la oscuridad- susurre mis pensamientos y pude ver como se le dibujó una sonrisa en su rostro, ni siquiera yo esperaba responderle. Nunca lo hacía, nunca antes le había respondido uno de sus cumplidos. Pero ahí estábamos.
De algún modo Joe consiguió estar realmente cerca y sin besarme, empezó a dibujar mis labios con su dedo.
-tengo muchas ganas de besarte-me dijo concentrado en mis ojos.
-Do it-le ordene al tiempo que cerré mis ojos y sentí como sus labios se empastaban en los mios, en ese increíble beso que había estado esperando. Tenía demasiadas ganas de que Joe se quedara conmigo por siempre, y lo mejor de todo es que él lo haría. De nuevo consiguió lo inalcanzable, estaba arriba mío besándome sin cansancio, mi corazón latía rápido y no podía controlarlo. Esa noche la pasaría con Joe, y no como la noche que me salvo. Muy diferente a eso.
Le besaba con todo lo que tenia para darle en ese momento, mi respiración acelerada, dificultaba un poco pero igual así lo tenía conmigo y eso era lo que realmente me importaba. El se dio cuenta de que me costaba respirar así que paso a mi cuello besando todo lo que no estaba cubierto por mi ropa, mientras yo intentaba controlar los latidos acelerados de mi corazoncito en taquicardia.
Pareció no ser suficiente para Joe, besar completamente mi hombro derecho e izquierdo más mi cuello y mis labios cansados. Despojo con cuidado las mangas de mi musculosa. Me puse aun más nerviosa por lo que llegara quedar descubierto, así que antes de que empezara a besarme de nuevo, cambie de posiciones con él, me senté arriba suyo y empecé a besarle el cuello tal y como él lo había hecho. Y mientras con mis manos desabrochaba los primeros botones de su camisa, mis ojos encontraron su mirada. Había decidido ignorar el calor californiano hasta ese momento. Él me miro con los ojos llenos de paz, y con un toque de lujuria en cada uno. Me sonrió con aquella sonrisa dulce suya.
-I Love you-susurro dulce sobre mis labios.
- y yo te amo mas…-dije saboreando sus palabras totalmente estremecida por el curso que sus manos había tomado, recorriendo con cuidado mi espalda debajo de mi musculosa.
Le abrace lo más fuerte que pude y una vez recostada sobre él el hizo lo mismo, nos la pasamos en esa posición hasta que sentí como su mano divertida empezaba a hacerme cosquillas por debajo de la remera, no pude evitar carcajearme y caer a un lado de la cama.
-¡Me encanta tu risa!-dijo en aquella hermosa oscuridad y volvió a su anterior posición sobre mí. Justo en lo más intenso de nuestros besos se detuvo tal y como yo pensé que lo haría. Pero lo único que hizo antes de volver a mirarme fue sacarse el anillo de plata de su dedo anular dejándolo sobre el velador junto a la cama. Entonces las palabras salieron fuera de mi control por mi boca
-¿Yo? ¿Yo soy tu verdadero amor?-entrelazo mis fríos y delgados dedos con los suyos.
-Por siempre y para siempre-termino de susurrar sobre mis labios y entonces yo me saque el collar que el mismo me había regalado y lo deje junto a su anillo sobre la mesa. Lo que hicimos después no tiene explicación. Nunca voy a olvidar la noche en la que ame a Joseph Adam Jonas, con todo el sentido de la palabra.
miércoles, 19 de agosto de 2009
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