-Mary you?-me estremecí y abrí la puerta, él saco el plateado anillo de su bolsillo. Un hermoso anillo con un diamante en solitario mas grande que mis uñas. Sus ojos me miraron suavemente, yo empecé a temblar entre en pánico y corrí. Corrí fuera de la habitación, del hotel, de todo. Tome un taxi afuera y con lágrimas en los ojos-ya adentro del taxi-llame a la única persona con la que podría hablar bien en ese momento. Kevin. Nos encontramos en la playa junto a la ex-casa de Eloísa, que para entonces ya estaba totalmente desalojada. Le conté palabra por palabra todo lo que me acababa de pasar, el me abrazó y contuvo mis lágrimas durante toda la noche sobre la arena junto al mar. Le pedí que me hablara de la chica que Joe había dicho conocer, y me prometió que no era nada serio y que no me preocupara. No era eso lo que me molestaba, si no las palabras que me dijo Charlie, esas palabras que en mi cabeza retumbaban una y otra y otra vez. “Que nos hubiéramos encontrado al otro lado del mundo, no es coincidencia” ¿no era? Tal vez el si tenía razón, era demasiada coincidencia que ambos no hubiéramos reencontrado al otro lado del mundo, en este justo momento de nuestras vidas. Empecé a asociar todas las cosas, y tenía sentido. Así que ya tenía la respuesta para Charlie preparada.
Kevin quedo totalmente dormido a la mitad de la madrugada sobre mi hombro, y yo aun que lo hubiera intentado, no conseguí pegar los ojos en ningún momento.
A la mitad de aquella nublada mañana, Kevin despertó y ofreció llevarme de vuelta al hotel, no le dije nada al respecto sobre la decisión que había tomado, hasta cuando llegamos al hotel.
-Me voy a casar con Charlie-le dije rápido y breve. Él no se molesto en mirarme y asintió con la cabeza.
-si eso es lo que vos queres…-murmuro con un soplido y me bajé del auto.
Caminaba cual condenada a enfrentar su destino, no quería encontrarme todavía con Charlie, así podía pensarlo mejor… no era que no amara a Charlie, siempre lo ame, siempre lo iba a amar, tal y como un primer amor es, pero mi corazón destrozado tomaba las decisiones que creían iban a funcionar para curase.
Pero ahí estaba sentado en toda su serenidad en una mesa bajo las nubes plateadas, y yo lo amaba. Me acerque con cuidado, despacio pensando mis palabras una y otra vez, pensando si valían la pena decirlas.
-Haylu-suspiro el apodo que me había concedido.
-I’ll Mary you-dije con temor de mis palabras, pero él en cambio, fue celebre de una dulce sonrisa que ilumino el día entero, se acerco a mí con cuidado, sostuvo mi rostro con la delicadeza que se tiene para sostener una pluma, y beso mis labios. Una vez mas sentía su dulce aroma rodándome, y siendo así no entendía que iba mal… que era lo que no me llenaba, al cabo de dos segundos entendí que era por la simple razón de que Charles, no era Joseph.
-Gracias-suspiro una vez terminado el beso.
-¿y Lorry?-pregunte nerviosa.
-Ya está todo preparado-dijo como si mi respuesta hubiera sido obvia, o casi como si él hubiera estado demasiado convencido de lo que iba a pasar. ¿Era obvio?-Tengo que hacer unas llamadas-beso mi frente y se levanto.
-Te amo-le dije tratando de realmente creer lo que decía.
-Yo te amo también-me respondió dejando otro beso sobre mi frente. Un mozo se me acerco en lo que Charlie se iba.
-Señorita, tiene una llamada, ¿desea tomarla?
-Claro. ¿Quién es?-pregunte tomando el teléfono de la bandeja que traía.
-Es del hogar Asociación Dulces Niños-me dijo y conteste rápido.
-Habla Hayley.
-Hola-suspiró una voz del otro lado-Creo que te debo una sincera disculpa-me hablaba una voz antigua del otro lado.
-Creo que sí.
-Jim necesita verles, ¿Pueden venir hoy?-El plural claramente significaba Joe y yo.
-Creo que podré ir allá… ¿a que hora?-cruce los dedos para que me dijera que en ese momento estaría bien. Tenía tantas ganas de escaparme de nuevo.
-En este momento está bien, si no te molesta.
-Perfecto enseguida estoy allá-colgué el teléfono y como estaba salí a tomar otro taxi. Llegue sola al hogar, y la señora me abrió la puerta, pero antes de entrar me confesó un par de cosas.
-Hayley… Jimmy no se opera por que tiene miedo, y su miedo ha dejado ir a todos los interesados en ayudarle económicamente… Jimmy se va a morir en cualquier momento, por favor, ayúdalo-Estaba decidida a hacerlo no había nada que me detuviera, solo había que convencer al pequeño Jimmy. Entre al hogar, buscando entre los niños al mío. El pequeño me vio y corrió a mis brazos, que yo mantuve abiertos a su altura hasta que sus pequeños bracitos me rodearon el cuello.
-¿Y Joe?-me pregunto lo que yo también me preguntaba.
-Hoy seremos solo vos y yo, ¿Qué te parece?-sonrió y me llevo de la mano hasta su esquina.
-Jimmy tenemos que hablar…-le dije
-¿Hablar? ¿Sobre que?-pregunto sin temor alguno jugando con un pequeño auto azul.
-Tengo lo mismo que vos tenes ¿sabes?-pude atrapar su atención, mientras sus pequeños ojitos brillantes me miraban-Tengo que operarme-trataba de mantener mi voz firme al temor que sentía.
-Yo también-me dijo-pero, no quiero.
-¿Por qué?-quise saber
-Tengo miedo-me confeso, y se sentó en mis piernas abrazándome con fuerza-¿vos no?
-Sí, pero tengo que hacerlo… por lo menos no por mí, sino por la gente que me rodea-le hice entender.
-…Yo me opero, con una condición-era increíble la forma en la que Jimmy con cinco años de edad entendiese que implicaba operarse.
-Lo que sea-le mire con suavidad esperando su respuesta.
-Que vos y Joe sean mi mamá y papá, pero que nunca se vayan-su dulce vocecita se quebró por unos segundos, y me abrazo en espera de un sí. Me saque una de las cintitas que llevaba atadas a la muñeca junto con mis otras manillas y de mas, y se la até a su muñeca.
-Es una promesa-le di mi palabra.
domingo, 27 de septiembre de 2009
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